20/20

Gracias, 2019, por un año lleno de experiencias gastronómicas, viajes por toda Colombia que me enseñaron lo indispensable de la cocina regional y por los hoteles que me recibieron con gran servicio, sin importar el número de estrellas que cuelgan dentro de sus galardones, pues en la mayoría de ellos me hicieron sentir que la estrella era yo. Fue un año en el que me conecté con ese campo que lucha en su día a día por llegar a nuestras mesas de una manera diferente, desde el corazón de cómo nos movemos y andamos por el país. Descubrí la satisfacción que genera en las comunidades una nueva vía y lo que significa un planchón que vuelve a llevar productos por las regiones. Colombia se mueve de una manera vertiginosa y la gastronomía también: sus sabores van de boca en boca gracias a las encomiendas y productos que viajan de ciudad en ciudad.

El Pacífico literalmente me devolvió a la vida, me llenó de memorias que siempre estarán en mi corazón y me enseñó que, desde la carencia, cada plato de comida que se sirve nos llena de historias y recetas que pasarán de generación en generación, gracias a la arraigada memoria gastronómica. El Caribe seguirá siendo parte de mi ADN, allí siempre estará la base de la felicidad al saber que el agua de coco no viene en caja, que la pesca se come fresca y que la fruta madura endulza el día y alegra el alma. Cartagena siempre será ese referente de una casa fuera de casa, de un mar que hacía feliz a mi abuela y de una ciudad que enamora, una vez más, desde el minuto en que se llega. Y qué decir de Mompox, un tesoro que conocí por las historias de mi infancia, pero en realidad se quedaron cortas las descripciones de lo que significa la frase “Mompox, tierra de Dios”. Por último, está Barranquilla, una ciudad que me recibió desde muy pequeña con mi tía y que, a lo largo de este año, aprendí a conocer, a saborear y que me adoptó como una más de una inmensa familia. “Quilla”, como la llaman amorosamente, es una ciudad donde la mezcla de culturas y sabores es un ejemplo de preservación de las recetas clásicas con un twist de modernidad, que le permite tener una activa cultura culinaria. De resaltar, su malecón, pues en el proceso de integrar espacios gastronómicos a la recuperación del río Grande de la Magdalena nos deja comer y soñar en el Caimán del Río.

Antioquia me enseñó la templanza de lo que es ser paisa, donde soñar no cuesta caro y se ama lo propio. Es una tierra pujante, donde la arepa, el fríjol y el marrano son lo básico de una dieta que me hace absolutamente feliz. Es admirable la transformación de esa sociedad que vivió a flor de piel la más cruda de las violencias y estigmatización, y que hoy es ejemplo de proyectos encaminados a construir escenarios de paz. Boyacá, donde nace #MadamePapita y los más grandes recuerdos de mis abuelos, es tierra de grandes comilonas, paisajes de encanto y herencias ancestrales que hacen que sus cocidos, amasijos y bocados sean parte de nuestra historia bicentenaria.

Empezamos el primer año de la década con un gran impulso a nuestra #ColombiaRural, donde fomentar la compra directa a sus productores y aumentar los procesos de investigación y desarrollo en nuestro campo hacen parte de la agenda nacional. Gran desafío cambiar el chip de los consumidores que piensan en comprar fácil y barato, desgranado, limpio y lleno de película plástica. Siendo sinceros, ¿ustedes creen que sus labores las podemos catalogar también como BBB, bueno, bonito y barato? Es hora de ponernos las botas y la ruana, y valorar a cada uno de nuestros cultivadores y las bendiciones de nuestra tierra.

2020, además de ser un término médico que nos indica que nuestra visión está perfecta, será nuestro espacio de seguir creciendo en creatividad y turismo, de la mano de nuestra cultura gastronómica, y de exportar al mundo nuestros talentos, productos y sabores. Así como una vez al año vamos a que nos revisen cómo estamos viendo, es hora de que nuestro 2020 esté envestido de ser muy colombiano.

Feliz 2020 les desea Madame Papita, la gozona, la criollita… Y para empezar con pie derecho este nuevo año, les recomiendo que no olviden lanzar al aire muchas lentejas, empacar la maleta y dar una vuelta por el vecindario, ponerse los calzones amarillos para la abundancia, rojos si lo que quieren es amor y blancos si lo que necesitan es atraer paz al corazón. Incluyan pan fresco sobre la mesa, para que nunca falte el alimento; una fría copa de champaña o vino espumoso, con algo de oro dentro para que la fortuna siempre esté en sus manos, y siempre agradezcan al universo por el año que pasó y por las cosas maravillosas que vendrán en los próximos 366 días (recuerden que este año es bisiesto). Sembremos amor, que así seguro cosecharemos grandes cosas para nuestras vidas.

Posdata: este 2019 me dejó algo aún más importante… un grupo de glotones que me alimentan el cuerpo y el corazón. Juan Da, gracias por las carreras; Edith, por validar cada recomendación; Mariana, por intentar educarme y en mi casa por empujarme cada día a ser más sana en lo que me como, sin dejarme caer en el aburrimiento.

GRACIAS POR TANTO GOLOSO AMOR.

#MadamePapita

@ChefGuty para El Espectador. Diciembre 27, 2019.

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