Madame Papita

Colombiano que se respete es consumidor ferviente de la papa, y yo soy el claro ejemplo de eso. Blanca, amarilla, frita o asada, son mis compañeras preferidas para sentarme con botella de vino en mano o ahogarme en un vaso de agua. Redondita quizás, rellenita sí, pero clara en mis amores culinarios.