Heladera de corazón

Para el león, helado de limón

para el tigre feroz, un helado con arroz

para el elefante, un helado gigante

para toda la pandilla, un helado de vainilla

Todos hemos crecido con la ronda infantil de “Sammy, el heladero”, ese amoroso pingüino heladero que debe pasar por todo tipo de peripecias, para poder llegar de regreso a su patria de hielo, tras haber entregado a los animales feroces de África todos sus helados. Como este maravilloso personaje de infancia, me topé con una futura abogada barranquillera (ya casi se gradúa) con corazón de heladera, que me cautivó con una promesa de venta que resultó ser un productazo: helados fit de leche de almendras, sin azúcar y de sabores poco comunes, perfectos para cuando buscamos algo sano.

Yo sé, suena absurdo, helado rico y que diga que es una mezcla de leche de almendras sin azúcar. Pero les digo: solo pruébenlos. Con pocos días a la venta, esta heladera ha entendido que hoy la gente cambió, por la necesidad de comenzar a alimentarse de una manera más sana en medio de la pandemia: “Es un momento de cambio y de alternativas sanas. Yo por naturaleza soy cocinera. En el colegio vendía brownies, cupcakes y en la pandemia cocinaba de todo. Busqué un negocio para aprovechar mi tiempo, y por eso decidí encontrar la forma para juntar lo que por excelencia para mí eran los dos tipos de helados que encontraba en el mercado (los tradicionales y los fit)”.

Y así nació @dolce_milano. Helado artesanal, bajo en grasa, con insumos de primera y con base de leche de almendras. La pandemia dejó que este proyecto llegara a su punto perfecto de congelación, con mezclas donde la prueba y el error, las dificultades para conseguir los insumos ideales y los procesos demorados por la propia dinámica de la época hicieron más difícil su primera producción. Dolce Milano es la unión de sus raíces italianas, los sabores de su último viaje a ese país y este momento del tiempo, que le permitió crear sus helados ideales.

Pero muchos dirán que dónde está la gracia, si los helados lo que representan son esos bocados dulces, cremosos y llenos de salsas. Pues les digo que son cremosos, sabrosos y con un plus para mí: no me dejan llena de remordimientos por comerme dos. No solo yo he sido intensa al leer sus etiquetas y preguntar por la mezcla, porque son deliciosos. En su mayoría, sus clientes reconocemos que la manera como nos han llegado estos helados saludables no con cuentos chinos, y que han logrado desmoronar los preconceptos y las etiquetas, con productos absolutamente sabrosos. “No se dejen meter cuentos cuando salga a flote el ‘fit’ en la etiqueta. Entre más clara la información, mejor, y con insumos que la gente entienda. Es así como estamos logrando salir con un producto saludablemente delicioso, pues no voy a sacrificar el delicioso sabor que logro por meterle químicos al proceso”, explica la heladera y futura abogada.

Creo que, como muchos emprendedores gastronómicos, esta nueva heladera ha logrado meterle corazón y sabor a esta pandemia. Veo con preocupación, eso sí, que su grado se puede estar congelando por un tiempo más en esta caja de maravillosos helados, pues está muy entusiasmada con su emprendimiento, y comprometida de corazón con su sueño. La sabrosura de sus ancestros italianos sumada a la tenacidad costeña y la seguridad de que podía hacerlo demuestran que la simplicidad del proceso y sus deliciosas mezclas permiten que estos helados se queden presentes en la necesidad de pedir siempre uno más, por si acaso.

#MadamePapita

@ChefGuty para El Espectador. Agosto 7, 2020.

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