Temporada del Oso

Popularmente conocido como el peor ridículo de la vida, suele traducirse en un “mamá, que oso”, una de las frases por excelencia de cualquier adolescente en Colombia. Pero también estamos miles de niños y adultos que cuando vemos un oso nos empendejamos, ponemos cara de amor y pedimos, si es posible, que nos abrace y nos deje allí en su regazo un ratico. Sobra decir que el abrazo solo aplica para los osos de peluche, obviamente. Y eso me pasó hace varias semanas: me enamoré perdidamente de un oso que me sacó de la comodidad de mi casa, y me replanteó lo básico de la vida.

El oso es un animal fuerte, feroz, que hiberna por largos periodos. Tiene una dieta omnívora que le permite descansar y reproducirse en paz mientras su cuerpo entra en ese aparente sueño profundo, que seguramente tiene un término científico que ignoro y por el cual espero que no me lapiden. Como un buen cazador, este mamífero no solamente es un comedor empedernido de proteínas animales, sino que su dieta también tiene una gran mezcla de plantas y frutas, pues varias especies de ellos se alimentan de una dieta verde, como el caso de los amorosos y nunca más queridos pandas.

Osos perezosos, hormigueros, pardos, polares, pandas y seguramente unos cuantos más que no ubico, se convierten en un mito gracias a las películas donde con un solo rugido ponen orden a su alrededor. Sin embargo, tenemos que ser claros: el que mejor come y que siempre nos llevará a una canasta de picnic maravillosa es Yogui, ese oso amarillo con el que crecimos varios, soñando a la hora del almuerzo con un oso parlanchín.

La vida en la pandemia fue algo así como un periodo de hibernación (por lo menos la mía je je je), de cambio y de crecimiento. Para algunos, puede haber sido aumento para los lados, por tragones, pero para muchos otros fue un periodo de crecimiento personal, de aprender nuevos oficios, y de poder retarse a diario en alguna actividad física. Hoy siento que los osos son unos pendejos al lado mío pues, la verdad, siento que el confinamiento me hizo volver a la cocina, me devolvió el placer de hornear, me llevó a retomar mi huerta y, de un día para otro y con algo de pánico, también me hizo volver a hacer ejercicio y a enfrentarme a tener que moverme con juicio a diario.

¿Cuál es el oso de Madame Papita? Pienso rápidamente en dos: el de no poder moverme después de volver a hacer ejercicio, y el de tener un hambre feroz y abrir el cajón de los dulces… para luego cerrarlo con la convicción de volver por algo más saludable a la huerta. Logré aprender que el moverme no era solo cuestión de vanidad y de matar un par de conejos que empezaban a salirme, sino que la temporada del oso para mi fue una experiencia.

Pensarán que mido metro ochenta, piernas largas y tremendas patas. Gran error: soy promedio colombiana, pero con mucha personalidad. Pero eso sí, mi cuerpo pide chocolate, ensalada y muchísima proteína. Y ahora, gracias a la compañía de un equipo (@origen4e) que me sacó de mi hibernación, logre parecerme más a un oso esperando el picnic que a un oso panda en estado meditativo.

¿Y qué demonios hace esta humana hablando de osos, si Colombia es un país que no ha logrado cuidar los suyos? Pues sencillo: confíe en un emprendimiento de unos amigos, solté el pánico de morir en el intento de volver a hacer ejercicio después del aterrador Covid, y me dediqué a enamorarme de mi temporada del oso: ocho semanas donde comer fue un reto, volver a reconocer mi cuerpo una berraquera y, sobre todo, lograr volver a confiar que era capaz de ser, volver a empezar.

Volví a hornear panes, hacer tortas y empanadas; cocinar para ensayar a comer sano sin morirme del tedio. Volví a hacer picnic con grandes y saludables sándwiches al estilo del oso Yogui. Es grande la experiencia de aprender a vivir como un oso: comer, dormir profundamente y mover el cuerpo hasta lograr retarse sin miedo a caerse.

Anímense, rétense y vamos por la temporada del león, bien sea solos o acompañados (combo se encuentra fácil para semejante buen plan). Háganlo de manera presencial, con la sandunga correspondiente de un excelente rooftop en Bogotá, o virtual con la paciencia que trae la casa, pero eso si con toda la energía y el rugido de otro animal que sin duda me enseñará a comer con calma, a cazar con inteligencia y a correr como si vinieran por mí.

#MadamePapita

@ChefGuty para El Espectador. Julio 9, 2021

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