Una cajita llena de amor

Últimamente, muy en la madrugada, he descubierto manifestaciones de amor que para mí valen más que mil regalos y flores. Cuando veo que amorosamente siempre hay alguien que llena mis cajitas con comida para que tenga onces frescas y una rica y casera comida en la lonchera del almuerzo, me siento realmente plena y entiendo el valor del amor por la cocina de mi familia.

Creo que es, sin lugar a duda, el ritual de amor más significativo de nuestro país: todas las mañanas, padres, esposas y hermanos disponen los alimentos para sus familias. Entre frutas, jugo, yogur, sándwiches y un toque dulce con un amasijo o caramelo, todo como una muestra del más profundo cariño.

Y si vamos más allá, ni se diga de los cocineros de mi parche, “el cartel de la coca”. Personas que, como yo, desde el día anterior, mientras vemos el noticiero y la novela de turno, preparamos lo que toda la familia disfrutará en un merecido descanso en la oficina. La diferencia es clara: mientras los padres garantizan que sus niños se alimenten y puedan rendir en la escuela, los adultos soñamos con un bocado que llene la barriga y nos deje tener un momento de tranquilidad con los vecinos.

Algo que siempre pienso con mi polo a tierra a la hora de armar loncheras es no sucumbir a la tentación de llevar el famoso ACPM (arroz, carne, papa y maduro), una fórmula que nunca es fácil sacar de la vida diaria. Eso de echar, aparte de la proteína, arroz, papa, yuca, plátano o maduro puede ser espectacular, pero no deja de ser un arma de doble filo, sobre todo si sabemos que estaremos mínimo ocho horas sentados y la rutina nos deja poco tiempo para pasar por una sesión diaria de ejercicio. El problema no es lo que nos comemos, es cuánto y cómo lo mezclamos.

Por ejemplo, es mil veces preferible un jugo de fruta o una limonada fresca, que puedo hacer llevando un par de limones en la lonchera, que los exagerados sabores de los embotellados. Ni que decir del exceso de fritos. Aprovechen más bien para hacer cocidos, asados o preparaciones al horno, sin tanta grasa y con más sabor.

Y apliquen la bendita prudencia con el postre. A mí me encanta algo de dulce con un buen café después de almorzar, pero a veces lo varío con algo de fruta o un agua aromática, que me dan energía para seguir la jornada menos pesada y con más gasolina (no ACPM) en mi vida.

Hoy quiero recomendarles un paraíso en pleno corazón de Cartagena para unas vacaciones perfectas: Casa La Merced (@casalamercedoficial). Se trata de un hotel que realmente nos lleva a sentirnos como en casa. Un impecable servicio personalizado, lleno de detalles y momentos únicos, hace de esta moderna casa un espacio del cual usted no querrá salir para aprovechar a plenitud su descanso. Sus balcones, que dejan entrever al fondo parte de la ciudad amurallada, son la antesala a impecables habitaciones donde la música y la decoración harán de sus noches un sueño.

Operado por Mustique, Casa La Merced es un claro ejemplo de entender las necesidades de los clientes, tener un personal orientado al servicio y ofrecer opciones para solucionarle la vida al huesped en todo lo que pueda necesitar. Imperdibles su maravillosa piscina azul, cristalina, que da la bienvenida al espacio central de la casa, y el desayuno, clásico, hecho a la medida de los antojos de cada uno de nosotros.

#MadamePapita

@ChefGuty para El Espectador. Noviembre 1, 2019.

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